29 julio, 2014

Papeleos y visiones.

Para su sorpresa, no había que esperar cola para crear una nueva Compañía, pero para crearla había que cubrir una serie de papeleo así que, como ya era tarde, Kisara se llevó los papeles a la taberna, y allí, después de cenar, se puso a trabajar concienzudamente con la ayuda de Jeffrey. Éste había quedado muy sorprendido por la actitud de su protegida: al llegar, Kisara había reservado habitaciones para todos (2 en total, una para ella y Aeldran y otra para Jeffrey y Yu) y había pagado con el dinero que llevaba. Jeffrey le sugirió que usase el sello de la familia Gilito, pero ella había contestado que quería valerse por sí misma, sin depender en lo posible del dinero y el soporte de su tío.

Mientras estaban afanados en cubrir los papeles, Aeldran encontró un pasatiempo lucrativo: hechar pulsos con los clientes de la taberna. Ganó a todos y cada uno de los insensatos que quisieron hacerle frente, y se sacó unos nada despreciables 70 pechucos. Yu se había divertido también, viendo las caras de frustración de los contrincantes de Aeldran. Al cabo de un rato ya nadie quería competir con ella, así que volvieron a la mesa donde estaban Kisara y Jeffrey.

-¡Parece que os lo habéis pasado bien! - la sacerdotisa estaba centrada en la escritura, pero no perdía la sonrisa. - Jeffrey y yo hemos pensado un par de cosas, a ver qué os parece.
-Bien, decid.
-Vale, lo primero... estaréis de acuerdo conmigo en que residir en una taberna tiene sus partes positivas, pero también negativas. Fundamentalmente, a penas nos queda dinero para pasar la semana en la taberna y pagar la comida de los cuatro. Jeffrey me sugirió usar el dinero de mi tío una vez más, pero preferiría no usarlo si es posible. Y si se hiciera necesario, preferiría no usarlo para pagar habitaciones de taberna. Si rellenamos todo el papeleo y hacemos la Compañía, necesitamos tener una sede física, y La Jarra Helada no creo que esté interesada en acogernos.
-No, no creo. Es una pena, porque hacen un estofado... - Aeldran miró hacia la cocina. - Mira, acabo de comer y ya estoy salivando.
-Además, y en esto Jeffrey no está de acuerdo, no creo que sea seguro que venga a la misión. Es posible que haya combates y no tiene mucha experiencia en combate.
-Pero... ¡yo daría mi vida, por vos, Kisara! Combatiré hasta el final, si así me lo pedís.
-Lo sé, Jeffrey, pero no podría soportar que te pasara algo por mi culpa. Ni hablar. Además, creo que puedes ayudarnos mucho más como hemos hablado.
-Como digáis, señorita.
-Aeldran. Yu - Kisara les miró a los ojos -. Voy a usar el dinero de mi tío, pero moderadamente. Jeffrey, en lugar de venir con nosotros, se quedará en la ciudad para comprar y preprara una casa pequeña, modesta, como sede de nuestra Compañía, donde tengamos sitio para los cuatro, mientras estemos en Puerto Yuno.
-Me parece bien.
-Hm - Aeldran asintió.
-Además, me gustaría que le echarais un ojo a este documento. Es obligatorio entregar unos estatutos al crear la Compañía. Estos son públicos para que cualquiera que esté en la ciudad y quiera entrar en una pueda informarse antes si cumple los requisitos.

Kisara les tendió un par de hojas y ambos las leyeron con detenimiento. Hicieron sugerencias (sobre todo Yu), y Kisara adaptó los puntos controvertidos. Finalmente, quedó todo hecho.

Esa noche, Kisara tuvo un sueño muy inquietante: Yu yacía a su lado, desangrándose, con las entrañas saliendo por una herida profunda en el vientre. Ella, gravemente herida, intentó sanarlo pero sabía que era demasiado tarde. Cerca, lo que parecían tres colas de serpiente enormes estaban tiradas en el suelo, con mucha sangre y grandes tajos y quemaduras. Vagamente fue consciente de una lucha que tenía lugar cerca: Aeldran, herida pero aún con energía, luchaba contra una criatura extraña, mitad de lava y mitad de aire.

A la mañana siguiente, temprano, fueron a la sede de la milicia. Crearon su Compañía, la Compañía Libre del Este, y después hicieron cola para solicitar el trabajo del pueblo. El funcionario les explicó que un mercader que suele ir al pueblo una vez cada mes o así, había llegado hacía unas semanas a la ciudad diciendo que el pueblo entero había desaparecido, que no había nadie, y la cosecha de nuez moscada (el principal comercio del pueblo) estaba descuidada. Les llevaría 3 días en caballo llegar hasta la zona, pero Aeldran no podía montar a caballo con su arma (pesaba demasiado para cualquier pobre bestia de monta), así que decidieron coger un carro. 

Tanto el medio de transporte como las raciones básicas de comida las ponía el ejército. Era una forma de ayudar a las Compañías, ya que en realidad estaban haciendo el trabajo que debía hacer el ejército, pero que no podía hacer porque debía quedarse protegiendo la ciudad. A pesar de que el territorio en el que estaba el pueblo también formaba parte de la ciudad-estado de Puerto Yuno, estaba claro que el Consejo de Magos había decidido que eran recursos desechables.

Antes de partir se despidieron de Jeffrey, que quedó encargado de buscar una sede para la Compañía Libre del Este, y Kisara les contó después la visión que había tenido la noche anterior.

-Lo he meditado mucho - dijo Kisara -. Tymora me avisa de que el camino que cojo es peligroso y podríamos acabar así. Por ello, tomad. Las he hecho yo. Contienen energía curativa de Tymora. Bebedlas si os veis en apuros. Funcionan también si las usáis en otra persona, a menos que esté inconsciente o incapacitada para beber.

Le tendió a cada uno 3 frasquitos pequeños, que guardaron con cuidado entre sus cosas.

-Gracias, Kisara - sonrió Yu.
-No te preocupes. No caeremos tan fácilmente. - dijo Aeldran.
-Haré lo imposible para que la visión no se cumpla, compañeros. Ahora, poneos cómodos. Nos toca un viaje bastante largo. La Dama Tymora nos guía - sonrió sin poder eviatarlo -. ¡Nuestro primer trabajo como aventureros!

El carro avanzó por el camino, con el sonido de las ruedas sobre la tierra mezclándose pronto con trinos de pájaros y zumbidos de insectos, alejándose cada vez más de la seguridad de Puerto Yuno. Al final del día a penas se distinguían los edificios pero la luz del faro mágico cubría toda la campiña a ráfagas, intentando descubrir a los posibles atacantes en la oscuridad.


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27 julio, 2014

Compañías

Puerto Yuno hervía de actividad desde primera hora de la mañana. Madrugaron para ir, lo primero, al banco a cambiar sus monedas de oro de Aguas Profundas por pechucos de Puerto Yuno, y después al mercado a por unos manuales mágicos para aprender el idioma local. Una vez aprendido, se dividieron. 

Aeldran y Kisara fueron a La Jarra Helada a ver los anuncios que había en el tablón. Necesitaban dinero para poder pagar la estancia de turistas y las noches que hicieran en la ciudad, hasta que encontraran otra forma de poder establecerse: Kisara prefería no depender en demasía del dinero de su tío, el Sr. Tyrion Gilito, por una cuestión de orgullo y demostrarse a sí misma y al Capitán que podía ser autosuficiente y que era capaz para este viajea . Había de todo tipo de peticiones: desde encontrar a un ladrón hasta espiar a un comerciante. También había un anuncio del ejército de Puerto Yuno: reclutaban gente para formar parte de la policía (militarizada, al parecer, desde la reciente entrada en guerra de la ciudad), y pagaban realmente bien. También encontrar a un tipo con una mariposa tatuada en el brazo (pagaban 250.000 pechucos de Puerto Juno). Pero, de entre todos ellos, a Kisara le llamó la atención una pequeña hoja garabateada con prisa:

"Inviestigar lo sucedido en Pueblo Tulipán. Desaparecido hace dos semanas. Al SE de aquí, 400 millas."

¿Un pueblo... desaparecido? ¿Entero? Preguntaron a la camarera por el protocolo a seguir para aceptar algún trabajo del tablón, y esta les dijo que debían ir a la sede de la policía para anotarse. Decidieron esperar a Yu, que no tardó en aparecer, con una sonrisa enorme en su cara. Pidió una jarra de cerveza con algo de picar y se sentó con las dos mujeres:

-¡Traigo un montón de información! -dijo, plenamente orgulloso.
-¡Cuenta, cuenta!
-Veamos, ¿por dónde empiezo...? Esta ciudad es enorme, ciertamente. ¡Rivaliza con Aguas Profundas! Está organizada en anillos, de forma que sólo puedes acceder a los anillos interiores con unos permisos muy concretos. ¿Qué más...? Ayer nos explicaron brevemente la organización política de la ciudad, pero os lo refresco: está gobernada por un Consejo de Magos, que dirige todo con mano de hierro. Las leyes principales de la ciudad que más me llamaron la atención fue la prohibición total de cualquier culto a cualquier dios, sea cual fuere, y el complicado sistema de visados y membresías de ciudadano que tienen establecidos. Hay dos formas de pagar el visado de turista en esta ciudad: pagando la cuota, como nos dijeron en Turismo, o formar parte de una Compañía. ¿Veis que por la ciudad, además de los soldados de la milicia, hay grupos de personas con diferentes insignias en sus ropas, que parecen patrullar también? Son miembros de diferentes Compañías (cada una tiene una insignia diferente) - Yu bebió un largo sorbo de cerveza y prosiguió. -. Hay cosas muy interesantes que saber sobre estas Compañías. Por ejemplo, están todas obligadas a trabajar al servicio de la seguridad de Puerto Yuno: si algún miembro es testigo de algún crimen, puede actuar como si fuera la milicia, y está obligado a hacerlo, y entregar al criminal en el cuartel en caso de que logre capturarlo. Fundarlas no sale especialmente caro, y además pagan los visados de sus miembros de forma conjunta, y Puerto Yuno les hace un importante descuento... - Sonrió. - Además, únicamente un aventurero miembro de alguna Compañía puede aceptar misiones y trabajos. 
-Entonces, sin duda, debemos fundar la nuestra... - Kisara se mordió el labio inferior. ¡Qué responsabilidad, guiar su propia Compañía!
-Eso parece.
-Ahora abrid bien las orejas: Puerto Yuno está en guerra con las dos ciudades vecinas, eso lo sabíamos; pero... ¿sabíais por qué se originó?
-La verdad es que no. Y casi me había olvidado de la guerra: la gente por la calle está contenta, no se nota ningún clima de tensión o abatimiento que hubiera pensado en una ciudad en guerra.
-Al parecer, hace ocho semanas más o menos, y sin previo aviso, apareció aquí un clérigo de Cyric, pregonando que venía a tomar la ciudad. La milicia y muchas Compañías se unieron para acabar con él, pero levantó muchísimos muertos vivientes y más criaturas del mal, incluidas, según las habladurías, noctorugas.
-Cyric... -Kisara recordó al nigromante pirata que les había atacado en el barco, y a su hombre fiel que había dibujado un símbolo de ese dios con sangre, y por ello Kisara tendría que haberle matado pero... Respiró profundamente.
-Lograron matarle gracias a que varios magos del Consejo actuaron activamente y a Los Temerarios del Dragón. Al parecer jugaron un papel muy importante, y la gente les considera grandes héroes.
-Una Compañía, supongo.
-En efecto.
-Desde luego el nombre es rimbombante - dijo Aeldran.
-Sí - Yu terminó su cerveza. - Con lo que no he tenido nada de suerte es con eso de "shinra" que nos dijo el Capitán. Nadie parece saber nada de eso, ni quién o qué es.
-Una pena, la verdad... Bueno, volvamos al barco - dijo Kisara. -. Hablemos con el capitán antes de que partan de vuelta a Aguas Profundas, y le daremos las malas noticias. Quiero despedirme, es mi superior además de Capitán del barco. Además, creo que la mente de Maese Jeffrey podría sernos de gran utilidad a la hora de gestionar la Compañía y ayudarnos con estas cosas. Lleva conmigo desde que soy pequeña, es una persona de confianza.

Al caer la tarde, Kisara avanzaba por las calles de Puerto Yuno con paso decidido en dirección a las oficinas de la milicia para crear su Compañía, seguida del joven Yu, la gran Aeldran y, detrás, Jeffrey, formal y elegante. 

Los cuatro futuros integrantes de la nueva Compañía Libre del Este.

22 julio, 2014

La ciudad de las esperas

La cola era muy lenta, el tiempo parecía que se detenía en Puerto Yuno esa noche, en la que los aventureros acababan de desembarcar hacía apenas un par de horas. Finalmente, tras un largo rato, Kisara, Aeldran y Yu llegaron finalmente a las oficinas de Turismo. Los llevaron a despachos diferentes. Kisara entró en el que le correspondía y vió que la iba a atender un hombre IGUAL al oficial que les había parado en el puerto y les había dicho que vinieran aquí, con la misma túnica y la misma voz.
-Siéntese, por favor.
-¡Hola otra vez!
- … ¿Nombre?
-Kisara, ¿no se acuerda?
- … ¿Propósito en Puerto Yuno?
- … Se lo he dicho, turismo, aventuras… - Kisara cayó entonces en la cuenta. ¿Y si, a pesar de parecer la misma persona, no lo era? ¿Podría ser una ilusión? ¿Clones?
- Tienen una semana de estancia libre en la ciudad, tras lo cual deberán pagar cada semana 100 piezas de oro.
- ¡¿100 piezas a la semana?!
- Deben saber que la ciudad estado de Puerto Yuno está gobernada por un consejo de magos. El culto a cualquier religión está prohibido en público. Deberán venir aquí cada 7 días para el pago de su estancia. ¿Tienen lugar para alojarse?
- T-Todavía no…
- Tome, un mapa. Aquí, aquí y aquí – dijo señalando diferentes puntos del mapa – están las posadas.
- Gracias. Buscaremos enseguida...
- Atienda. Y atienda bien. A partir de ahora sabré si miente. ¿Está claro?
- S..Sí.
- ¿Qué propósito la trajo a Puerto Yuno?
- Mi deidad me dijo que viajara al Oeste, y he llegado hoy después de un viaje de varios meses.
- ¿De dónde viene?
- Aguas Profundas.
- ¿Es una espía?
- ¡No!
- Puede marcharse.
- Pero…
- Si tiene más dudas, puede consultar las leyes de Puerto Yuno. Buenas noches.
- ¿Pero dónde las consulto?
- Buenas noches.

No iba a sacar nada más del clon-ilusión-mago-funcionario. Fuera se reunió con sus compañeros, y pusieron rumbo a una posada: La Jarra Helada. Tenían hambre, estaban cansados, y el simple pensamiento de un estofado caliente y una cama mullida les hacía acelerar el paso.
Al girar la última esquina, unas notas de laúd y una voz conocida llegaron a sus oídos. Salían de la posada a la que se dirigían. Al llegar a la puerta, un hombre alto y musculado les impidió el paso con un gesto, pero la canción era ya totalmente reconocible.
-No puede ser... -murmuró Aeldran.
-Tymora se ríe de nosotros esta noche... Es Eduardo, el bardo. - Yu miró al suelo.
-No pueden pasar sin pagar la entrada por el concierto - les dijo el hombre. -. 20 piezas de oro por cabeza.
-Vaya timo...
-Pues váyanse.

Kisara tenía hambre y no quería tener que buscar otra posada. Pero 20 monedas de oro, por persona, era mucho dinero.

Decidió pagarle, así que empezó a sacar monedas de su bolsa, pero el hombre de la puerta la interrumpió.
-Esos no son piezas de oro de Puerto Yuno. Al cambio... puedo ofrecerte un cambio justo, teniendo en cuenta que no soy banquero y es ya muy tarde... Digamos, que podéis pasar por... 200 piezas de oro.
-COMO??? Está usted robándonos. ¡No puede ser un cambio tan malo con respecto a Aguas Profundas!
-Lo toman o lo dejan, no tengo por qué hacerles este favor. Pueden esperar al alba a que abra el banco para poder dormir y cenar, si prefieren...
-No quiero discutir más hoy, estoy harta de hacer colas. Quiero comer algo - Kisara le dió las monedas al hombre de la puerta, que les invitó a pasar con una reverencia.

Dentro, el ambiente estaba animado gracias al bardo. Se deleitaron con la primera carne asada en meses y una guarnición de verduras. Aprovecharon para, mientras terminaban la bebida, echarle un ojo al tablón de anuncios, pero no entendían el idioma local.

El plan del día siguiente: ir al banco a cambiar el dinero de Aguas Profundas en pechucos de Puerto Yuno, comprar manuales para aprender el idioma local e informarse mejor sobre esta ciudad infernal de esperas y burocracia.

22 junio, 2014

La llegada a puerto

Durante las siguientes 3 semanas, Kisara siguió alimentando a los presos que seguían en las bodegas, y ayudando en la manutención del barco con su conjuro de crear comida y agua. Además, Aeldran seguía ayudando a los marineros y Yu seguía aprendiendo marinería. Los días pasaban muy lentos, con rutina.

Pero llegó un día en que avistaron tierra. 

Anochecía cuando alcanzaron por fin las aguas circundantes al puerto. Sin duda era una ciudad muy activa, porque decenas de barcos llegaban desde todas direcciones. El faro iluminaba con una luz mágica todo el área a ráfagas, haciendo que todo lo que fuese mágico brillase y  haciendo, a su vez, que el mar se convirtiera en un cielo nocturno, con pequeñas luces tililantes (equipo de algún marinero, mercancías...) y una gran estrella por encima de todas: el barco en el que viajaban Kisara y compañía. Había barcos más grandes, pero no que brillasen tanto.

Antes de desembarcar, los 3 aventureros fueron a ver al capitán. Este les habló un poco del distrito comercial, cercano al puerto, y les pidió que, si oían algo de "shinra", se lo hicieran saber, antes de dos días, que era cuando partiría el barco de nuevo a Aguas Profundas. No les dijo lo que era un "shinra", pero memorizaron el nombre y desembarcaron, aspirando el aroma del puerto y sintiendo, por primera vez en varios meses, que el suelo no se balanceaba bajo sus pies.

Dos soldados, con armaduras y capa azul grisáceo, y un hombre que parecía ser un funcionario, con cara muy seria, se les acercaron directamente en el muelle.

-Nombre. Procedencia. Motivo de la visita a Puerto Yuno. Duración de la estancia.
-Kisara. Aguas Profundas. Turismo. Unas semanas.
-Vayan inmediatamente a la oficina de Turismo para sus visados. Siguen esa calle y a la derecha. Buenas noches. -Siguió avanzando en dirección al barco. 

Kisara habría querido preguntarle más cosas, pero parecía que no le interesaba lo más mínimo solucionar las dudas de una joven viajera. Vieron cómo el funcionario y los dos soldados subían al barco para hablar con el capitán, que ya les esperaba en cubierta. Tras un breve intercambio de palabras, el capitán mostró una documentación, que brilló al contacto de la mano del funcionario. Parecía que estaba todo en orden. El funcionario asintió y dio media vuelta, bajando del barco y sobrepasando al grupo de Kisara, que observaba todo con fascinación. Aeldran, por su parte, seguía con fascinación las armaduras de los soldados, que parecían de muy buena calidad. Yu estaba ya oteando los puestos de la zona comercial, desde la lejanía, por si veía algo de interés.

Los 3 se dirigieron a la oficina de Turismo; querían saber más sobre las leyes de la ciudad, y parecía un buen lugar para preguntar. Siguieron una calle ascendente, con farolas a los lados, y cruzaron una gran puerta, a partir de la cual el paisaje urbano cambiaba radicalmente. De puestos comerciales y casas bajas de madera, pasaron a una zona residencial, con viviendas más grandes y acomodadas.

La oficina de turismo debía de ser ese edificio grande, en el que había mucha gente haciendo cola. El último de la fila era un elfo, guitarra a la espalda, que se giró al ver al grupo de aventureros. 

-Esta es la oficina de Turismo, ¿verdad? -preguntó Kisara en élfico.
-En efecto, bella dama -el elfo habló en humano de Reinos. - ¿Es vuestra primera visita a Puerto Yuno?
-Sí. -Kisara sonrió.- Mi nombre es Kisara, sacerdotisa de Tymora. Estos son mis compañeros: Aeldran y Yu. -Saludaron con leve inclinación de cabeza.
-El mío es Eduardo -cogió su guitarra y empezó a tocar notas. -Soy devoto de vuestra señora, Tymora. Ella me vigila en los caminos tenebrosos, que a veces me toca recorrer en mis andanzas entre ciudades.
-La Dama os guarde, buen viajero.
-Y a vos. Y, contadme, ¿qué haceis en Puerto Yuno? No es lugar para pregonar las virtudes de Tymora, ni ningúna otra deidad.
-Turismo, básicamente.
-Entiendo... Si es vuestra primera vez aquí, sin duda no conoceréis las leyes que rigen esta ciudad. Debéis saber, primeramente, que está en guerra con varias ciudades circundantes. En esta ciudad no hay ningún templo dedicado a ningún dios...
-Madre mía, le gusta hablar, ¿eh? - susurró Yu.
-Noo, que va... Va a ser que es bardo... la que nos ha tocado. Y esta cola no avanza... -Aeldran, por su altura, podía ver prácticamente toda la cola, y el cartel al lado de la puerta de entrada, escrito en muchos idiomas. -Al menos estamos en la correcta.
- ...También debéis saber que esta ciudad está gobernada por un consejo de magos y... Bueno, tal vez es mucha información de golpe. -Hizo sonar su guitarra. - ¿Queréis que os cuente algo sobre mí?
-Claro, ¿por qué no? Esta cola es lentísima...
-Y ahora va a tocar... -Aeldran puso los ojos en blanco.
-Tymora nos proteja...

La canción, triste y melancólica, habla de un elfo enamorado, que pierde a su amada tras una terrible tragedia, y abandona su tierra natal para viajar por el mundo, pues nada le quedaba ya atrás.

Aplausos entre las personas que esperaban en la cola, y reverencias del bardo. Este se giró de nuevo para hablar con Kisara.

-Dedidme pues, Kisara, ¿habéis escogido alguna posada para cenar?
-Todavía no, la verdad.
-Entonces, después de este trámite en Turismo, tal vez queráis acompañarme en la cena. -Sonrió.
-Bueno, esto tarda mucho y...
-¡El bardo quiere meter el nardo!
-Pffffff...¡Jaaaajajajajajaja! -Aeldran no pudo aguantar la risa.
-¿Eh?
-¡Eduardo y su nardo! ¡Jaaaajajajajajaja! ¡No puedo! ¡Jajajajajajajaja!
-¡Jajajajaja! ¡No te enfades hombre!

Fue demasiada humillación para el artista. Salió de la cola cabizbajo y con lágrimas en los ojos. A pesar de las peticiones de Kisara de que volviera, siguió corriendo hasta que le perdieron de vista. Un artista puro como él, que pregonaba el amor verdadero, no podía soportar la idea de que pensaran de él algo así. La sacerdotisa se giró hacia sus compañeros.

-Anda que...
-Jijijiji... ¡que susceptible!


16 junio, 2014

Gatitos y Dragones de verano

No es que escriba mucho, pero al menos le doy otro aire al blog con la llegada del veranillo. Sí, vale; solo he modificado un poco la imagen de cabecera. ¡Pero es un cambio!

Además de mi versión veraniega (¡Ojo que voy hasta sin gafas! Lo de la rosa... ¿será por el trabajo?), están también Kateleen, Kisara y Bisholy como personajes de partidas de rol que se han jugado y contado aquí o que se están jugando aún. A Kisara la tendréis fresquita porque forma parte de las recientemente inauguradas Crónicas de Kisara.

Os recuerdo el editor con el que se hacen las imágenes chibi: Chibi-Maker!

La imagen del gatete no me resisto a cambiarla. ¡Es tan mono! Algún día tendré que hacer una versión Gatitos y Dragones con Neechan haciendo de dragón y Pims haciendo de gatete. O al revés. El orden de factores no altera el pelito.



Sed buenos y disfrutad del verano!

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13 junio, 2014

Dudas morales

-¡Por la borda!
-¡Rebanazles el pescuezo!
-¡¡Sin piedad!!

Los marineros no estaban dispuestos a dejar a ningún pirata con vida, después de que hubiesen matado a varios de sus compañeros con su ataque sanguinario. Se agolpaban en corrillo al rededor de los asaltantes capturados, atados por Yu al palo mayor, y que los miraban, a su vez, desafiantes.

-¡En este barco no se matará más allá de lo estrictamente necesario! -Kisara era una pacifista en tiempos de guerra, además de un poco pava; sabía poco de la vida. - Además, seguro que se hicieron piratas porque la vida los ha llevado hasta aquí. ¡Sólo tienen que desprenderse de ese caparazón de sentimientos negativos que tienen puesto! ¿A que sí?

-¡Sí! -un pirata miraba a Kisara con ojos muy abiertos y cara ilusionada.
-¡Cállate, Spike!
-Cállate, ¿me oyes? -el que parecía el cabecilla, un pirata rudo y con mala ojadura, escupió al tal Spike en el ojo.
-Kisara, ¿piensas dejarlos con vida? ¿A todos? - el capitán tenía el semblante muy serio, con los brazos cruzados - No podremos mantenerlos a todos; no quedan reservas de comida desde hace varios días, y dependemos enteramente de la pesca.
-Yo los mantendré -dijo, mientras limpiaba la cara de Spike con su túnica. Kisara no pensaba dejar que nadie más muriera ese día; ya habían perdido a muchos compañeros. - Tymora me ayudará. De momento, llevémoslos a las bodegas -dijo, mirando a Aeldran y Yu.

Ya en las bodegas, los distribuyeron en las celdas que había. Yu se apoyó en una esquina, y Aeldran se quedó de pié, detrás de la sacerdotisa de Tymora. El capitán había pedido a dos marineros que hicieran guardia en la puerta, y acababan de llegar, con cara de pocos amigos.

-Vamos a ver -La túnica de Kisara, manchada de sangre de intentar ayudar a los marineros y compañeros en batalla, se movía suavemente delante de las celdas, de izquierda a derecha. -. Según yo lo veo, aunque tal vez mis compañeros aquí presentes tengan alguna otra idea, tenéis dos opciones. La primera es enrolaros en este barco; firmáis un contrato de trabajo en este barco, a disposición del capitán, y trabajáis como marineros. Por la forma en la que nos hemos... conocido, entenderéis que tendréis que pasar un tiempo de prueba, vigilados. La segunda opción es quedaros aquí mirando a las musarañas hasta que lleguemos a puerto y os entreguemos a las autoridades acusados de piratería y asesinato.

Varios tragaron saliva, sobre todo después de mirar a Aeldran, impasible, impregnada de arriba abajo de sangre, con su espadón gigante a la espalda, esperando órdenes. Pero sólo Spike dijo querer enrolarse en el barco. Los demás se quedaron impasibles, excepto uno, el cabecilla, que sonreía con una mueca torcida, entre desdén y misterio.

-Mienten -dijo, mirando a sus camaradas. -. Nos matarán a la primera oportunidad.
-No tengo intención de mataros. Aunque no puedo prometer que la tripulación no lo haga, si intentáis escapar. Pensad en vuestras intenciones. Os ofrezco la posibilidad de cambiar de vida. Mañana os traeré comida y presentaré al capitán a aquellos que quieran trabajar en el barco.

Antes de irse, Kisara le hizo un par de señas a Yu. "Vigila al que sonríe". El semielfo cambió de celdas a los prisioneros, dejando a Spike sólo en una única celda, para impedir que lo mataran sus compañeros, entre gritos de "vendido", "cambiacasacas" y "esquirol". Hizo que se iba de la bodega pero a los pocos minutos volvió a entrar, escondido, amparado en las sombras que proyectaban las únicas antorchas en toda la habitación. Utilizando un par de sujeciones mágicas, escaló por el techo sin que nadie le percibiera y se colocó una hamaca tras una viga, de tal forma que podía escuchar todo lo que decían los prisioneros, sin que estos lo viesen.

-...J, ¿Cuándo volverán?
-Mañana, como muy tarde pasado mañana, volverán a por nosotros. Tranquilos. Toda esta chusma recibirá su merecido por haber humillado al nigromante... mwahahahaha!
-Mwahahahahaha!
-Mwahaha!

A la mañana siguiente, tras el rezo matutino y monólogo diario con Tymora, alzó las manos y pidió a su diosa comida para alimentar a los prisioneros y para ayudar en el sustento del barco. Tras ello, pidió a Aeldran que la ayudara a llevar la comida.

-¿A llevar la comida?
-Claro. Yo sola no puedo.
-...
-¿Será más fácil entre las dos, no?
-...
-Anda, vamos.

A regañadientes, la poderosa guerrera, espadón al hombro, bajó ayudando a Kisara a llevar la comida a la bodega. Después de darles las raciones de comida, Kisara preguntó nuevamente entre los prisioneros si había alguien más que quisiera enrolarse en el barco. Nadie respondió, así que soltó a Spike y le acompañó a ver al capitán. Allí, se le ofreció un contrato de dos años trabajando para el barco sin remuneración, en pago por los destrozos y las muertes que había ayudado a causar, y Spike aceptó, dando las gracias. El momento de tensión, cuando el ya ex-pirata fue presentado al resto de la tripulación, se solventó gracias a la autoridad del capitán.

-Kisara, capitán -Yu se acercó a ambos, hablando en voz baja -. Ayer me quedé escuchando a nuestros nuevos inquilinos. Afirman que el barco en el que vienen está comandado por un nigromante, y que volverán a por ellos hoy, o tal vez mañana.
A Kisara se le pusieron los pelos de punta, pero el capitán sonrió.
-Si es por eso, ya pueden esperar. Este barco es indetectable.

Y así, quedando como un pro (porque lo era), volvió a sus quehaceres, dejando a Kisara fascinada. ¡Cuánto sabía el capitán! ¡Cuánto poder oculto! ¿Por dónde le habrían llevado los caminos de Tymora en el pasado?

Pasaron los días y, como había dicho el capitán, el ataque no se producía. Yu empezó a meterles el miedo en el cuerpo a los prisioneros, intentando que alguno se echase atrás, haciéndoles ver que su anterior amo los había dado por perdidos y no volvería a por ellos, pero en general no hubo muchos cambios hasta que un día, por la mañana, Kisara vió un símbolo dibujado con sangre en la celda donde estaba J, el cabecilla. No dijo nada, pero fue inmediatamente a ver al capitán, que se puso muy serio y bajó rápidamente a la bodega. Nada más verlo, golpeó a J hasta dejarlo inconsciente, y emborronó el símbolo hasta hacerlo irreconocible. 

-Lo quiero fuera de mi barco. O lo matas tú o lo mato yo. Tienes 10 horas.
-Pero...
-Es un adorador de Cyric. Lo quiero fuera de mi barco.

No admitía discusión. Cyric era un dios malvado y cruel. Kisara se encerró en su habitación para pensar, con su fiel sirviente (Jeffrey) preparándole tazas de té. Nunca había tenido que matar a nadie, pero con un enemigo del bien tan claro como ese no tenía más remedio. Además, había sido ella la que había querido mantenerlo en ese barco, tenía responsabilidad. Podía haberlos puesto a todos en peligro, si no lo había hecho ya. Finalmente, pasado el plazo, fue al encuentro del capitán, seguida de Aeldran.

-¿Y bien? ¿Tú o yo?
-Lo haré yo -dijo Kisara con cara muy seria, pero se giró hacia su compañera y sonrió. - Aeldran, ¿podrías traer a J de la bodega?

Aeldran subió una ceja y se giró hacia el capitán.

-¿Tú? ¿Ella? No, al final, lo haré yo, ya verás...

Se fue rumiando palabras inteligibles, muy ofendida por ser la chica de los recados. Bajó las escaleras y llegó a la bodega, dando grandes zancadas que resonaban por las paredes y el suelo, haciendo crujir el entablado. Llegó hasta la puerta de la celda de J y, al quererla abrir, la arrancó de cuajo, mascullando entre dientes que se levantara. J a penas podía caminar; estaba blanco del miedo. Cuando Aeldran llegó con él a la cubierta, parecía un fantasma, pero recuperó un poco el aliento con la brisa del mar y al ver a la sacerdotisa preocupada.

-¿Vas a matarme? ¿Sí? ¿O querrás antes que cave mi propia tumba?
-C... ¡¿cómo vas a cavar tu propia tumba, alma de cántaro, si estamos en un barco?! -Kisara estaba muy nerviosa. -¿Cómo piensas cavar? ¿Con las manos, en la madera? Endevéh... ¿Quién te dio el cerebro para pensar a tí? Cyric, claro. Y en estas estamos... Ehm... a ver, esto era... Yu, déjame una daga. Esto... ¿Se coge así? Vale. Ehm... Oh, Tymora, Alta Dama, influye valor en... mí y... santifica esta daga... ehm... para...

Chwuin. Plash. Top top top. Rápido y eficaz, el capitán había desenvainado su espada y, con un sólo movimiento, había decapitado a J, cuya cabeza rodaba ahora por cubierta, a merced del vaivén del navío.

-¡Spike, limpia esto! Kisara, no estás preparada para este viaje.

Dio media vuelta y se fue, dejando a Kisara pensativa y triste. Debía hacerse más fuerte. Debía dejar atrás muchas cosas, incluidos los remilgos. Iban a una tierra desconocida y tendrían que vérselas con gente que no siempre querría el bien en el mundo. Tymora le había dicho que fuera. No podía decepcionarla de esta manera.

Debía cambiar. O moriría.


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21 mayo, 2014

Crónicas de Kisara - Presentaciones y partidas.


En una habitación ricamente decorada con lienzos y alfombras de grandes artistas locales, Kisara paseaba de un lado a otro, mientras su túnica rozaba el suelo silenciosamente, y el símbolo de su orden, colgado del cuello, se balanceaba rítimicamente. Esperaba al encuentro de las dos personas que había contratado para ayudarla y protegerla en el viaje que debía empezar.

Su tío, el Sr. Gillito, no había escatimado en gastos. Tras años controlando multitud de negocios relacionados con el juego, las apuestas y demás, podría decirse sin temor a equivocarse que se trataba de una de las personas más influyentes de Aguas Profundas en esos días. Tanto que había conseguido reclutar, aún sin explicarles el motivo, a las dos personas más fuertes e inteligentes de la ciudad.

Además de la compañía, su tío le había ayudado económicamente también para proveerse con un petate de lo más completo, un barco, su tripulación y la comida necesaria para todos. Desde que era muy pequeña, había estado a su cargo, y sin duda no le faltaba de nada. Aún así, Tymora le había dicho que viajara, y no estaba dispuesta a desobedecer la voz de su diosa por unas pocas comodidades. A pesar de que ella le había dicho que no necesitaba todo eso para viajar, ya que la Dama proveería en su viaje, él no hubiese quedado tranquilo de otra manera.

Llegaron juntos, puntuales y serenos. El joven semielfo ojeó rápidamente la habitación, pasearon por los cuadros y los muebles, y sus ojos reflejaron sorpresa. La joven guerrera, grande y poderosa, esperaba seria a que alguien abriera la boca. Y ella no iba a ser.

Kisara tomó la palabra para saludar y presentarse. Ella no había participado en el proceso de selección de los candidatos, así que realmente no los conocía. Les explicó en qué consistiría su trabajo a partir de ahora: guiar, ayudar y proteger. Viajarían por mar al oeste, durante semanas, para llegar al nuevo continente. Y allí, Tymora proveería, como siempre.

Salieron de la casa y caminaron hasta el puerto, sin perder ni un minuto. Allí les esperaba el barco, con la tripulación preparada y dispuesta.

-¿Todo listo, capitán? - dijo Kisara, con una sonrisa, como siempre.
-¡Todo listo! -el capitán de barco era un clérigo de mayor rango y experiencia que Kisara, pero había entrado a trabajar para el Sr. Gilito como capitán hacía un par de años-. Salimos cuando quieras.

Tras varias semanas de viaje, los tres se habían conocido algo mejor. 

Yu era un joven semielfo incomprendido, que había aprendido a sobrevivir por su cuenta cuando, en su pueblo, quisieron cortarle las manos por elfo y por ladrón. Más por lo segundo que por lo primero. Y sin duda alguna por habladurías de viejas... Seguía al capitán a todas partes, intentando aprender todo lo posible de navegación, cuando no estaba mareado o echando el desayuno por la borda. Realmente navegar no era lo suyo.

Aeldran vivía para la lucha. Era persona de pocas palabras, pero se había ganado el afecto de la tripulación al poco de llegar. Ayudaba mucho en cubierta. Además, tenía un apetito voraz, así que a partir de la primera semana el barco se había visto obligado a pescar a diario, pero ella ayudaba siempre, y con su fuerza colosal hacía las tareas pesadas mucho más sencillas para todos. La guerrera había decidido dormir en el camarote de Kisara, con la excusa de protegerla mejor. En realidad, el problema era que no entraba en ninguna cama. Prefería dormir en el suelo, y el de la clériga era el único que tenía alfombra en el barco.

Una mañana, mientras Kisara terminaba su monólogo con Tymora y terminaba un par de preparados alquímicos para los mareos de Yu, el capitán llamó a su puerta: ¡¡habían avistado PIRATAS!! O, más bien, los piratas a ellos, y no tenían pinta de querer dar la vuelta.

Casi sin darse cuenta estaban ya bajo fuego enemigo, una andanada de cañonazos, aunque el capitán pudo amparar el barco con un gran escudo de fuerza, justo antes de convocar una gigantesca tromba de fuego en medio y medio del navío pirata, haciendo que el mástil ardiera peligrosamente.

Aeldran no esperó a que abordasen. Saltó al barco, directamente, y la emprendió a espadazo limpio contra todo lo que se encontraba a su paso, incluyendo piratas asustados intentado apagar el fuego de su navío y varios lugartenientes. En cubierta, Kisara y Yu evitaban piratas y ponían a salvo a los marinos. El semielfo consiguió enredar un grupo numeroso de enemigos en una vela y dejarlos colgando como un jamón a ahumar, amarrando bien los cabos en puntos estratégicos. Kisara repetía una y otra vez oraciones de protección para su tripulación, y Tymora respondía. A pesar de sus esfuerzos, algunos compañeros cayeron.

Empapada en sangre enemiga, Aeldran metió el miedo en el cuerpo de los pocos piratas que quedaban en pié, y su capitán hizo que volvieran al barco aquellos a los que no habían apresado o matado, incluida una bestia enorme que se había batido con la guerrera con no mucho éxito. ¡Gallinas!

Con toda seguridad, no sería la última vez que se cruzaran sus caminos.


-Y ahora, ¿qué hacemos con todos estos hombres presos? -dijo Kisara, mirando hacia el grueso de piratas atrapados en la lona que se movían como sardinillas en una red.

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